@juancarreno

El Jesús mío (y el Padre Nuestro)

In País on septiembre 2, 2014 at 8:35 am

El biteismo chavista en una imagen (Foto tomada de “El Universal”)

 

Aunque la adaptación no es nueva, el día de ayer saltó a la atención de la opinión pública la adaptación chavista de la oración católica “Padre Nuestro”, de altísima significación para los seguidores de Jesús porque, según la fe católica, es la única oración de la que se tenga registro que fue directamente enseñada por Dios al hacerse hombre.

La reacción de la oposición en la que me incluyo abiertamente  (tanto en la reacción, como en la oposición, quiero decir) fue de incredulidad e indignación religiosa, más que política.

Nada malo en eso.

Nada malo en que la oposición (sobre todo la de religión católica) exija respeto y muestre indignación. Nada malo con establecer límites. Nada malo con cansarse del abuso.

Pero mientras pensaba en eso, recordé la formación católica que recibí de niño.

Recordé a un Jesús contestatario y argumentativo, lleno de parábolas sencillas de entender, pero con la profundidad de toda verdad peligrosa. Y recordé a un Jesús con un mensaje que -muchísimas veces- enfatizaba la misma lección:

“Prestemos menos atención a las formas, y más atención al fondo”.

Entonces volví a mi reacción de indignación, pero volví distinto.

Volví a leer las reacciones de la gente. Volví al “esto es inaceptable” que generó el famoso “Padre Nuestro Chavista”. Y me resonó como un eco. Inaceptable. Inaceptable. En todas las conversaciones sobre el tema, esa palabra (o algo parecido) era la norma. Y no pude evitar preguntarme (como si fuera un adolescente cristiano evangélico norteamericano)

“What would Jesus Do?” “¿Qué habría pensado Jesús de esto?”

Y lo que me imaginé me hizo sonreír.

Imaginé a un Jesús hispter, teléfono en mano, abriendo una cuenta en twitter, sonriendo por la “travesura” chavista (sabiendo algo que ellos no saben: que pronto serán historia y no tendrán el poder, como siempre pasa).

Imaginé un “Jesús 2.0″, reclamándole al gobierno:

-“Inaceptable es que 20 mil personas mueran al año de bala bajo un gobierno que grita que quiere paz”.

-“Inaceptable es que reciban tanto dinero, y tengan petróleo a 100 dólares, y justifiquen la miseria recordando cenas de perrarina que nunca fueron la norma, ni cuando el petróleo estuvo a 9 dólares”.

-“Inaceptable es enseñar al pueblo a rogar, en lugar de enseñarlo a merecer”.

-“Inaceptable es que anuncies con bombos y platillos soluciones que son a medias, para metidas de pata que fueron completas. No se aplaude al que te obsequia y te coloca una curita, si fue él quien te cortó con un cuchillo”.

Y luego, volteando hacia las cuentas opositoras, reclamándoles:

-“Inaceptable es que sea más fácil defenderme a mi, que defender a un desposeído. Dejen que hagan con mi oración un cuento. Dejen que hagan con mi oración una novela. ¡Dejen que hagan con mi oración un reggaetón, si es lo que quieren! Dejen que hagan con mi oración lo que les venga en gana. Porque  ni ellos (ni ustedes) serán juzgados por eso, sino por lo que hagan con el pueblo que les brindó la confianza. Y poco se diferencian en lo que han hecho hasta ahora: han besado el crucifijo, y han maltratado al creyente”.

Así me lo imagino. Un Jesús troll. Obligándonos a todos a ver más allá de las formas y las excusas.

Un censor llamado Twitter

In Tecnología on septiembre 1, 2014 at 10:54 am
twitter_enjaulado.JPG

(Imagen tomada de sqmagazine.co.uk)

La información nunca ha sido libre.

La posesión de información siempre ha sido moneda de curso para los que ejercen el poder.

Sin embargo, una grieta en la forma usual de manejar la información ocurrió durante este siglo: El período del 2009 al 2014 será recordado como el tiempo de mayor libertad de información de la historia humana.

Si bien Facebook y Twitter (dos de las redes sociales de mayor alcance en cuanto a provisión de noticias se refiere) nacieron unos años antes de esta época (y sin ninguna intención inicial más allá de conectarnos con nuestros amigos), es durante este período que estos servicios se convirtieron en la caja de resonancia virtual de múltiples noticias que, en la época del papel, habrían tenido que pasar por al menos un editor (o censor, en caso de ser del estado).

La crisis de Irán (2009) hace a Twitter famosa en el mundo, la “primavera árabe” (2010) se organiza a través de grupos de Facebook, un trabajo de investigación del diario inglés “The Guardian” (que recoge los testimonios de un desconocido de apellido Snowden) obtiene eco global en cuestión de días en 2013.

La información -por primera vez en la historia del mundo- andaba libre.

Y entonces, pasó IS.

El “Estado Islámico” (IS) degolló al periodista norteamericano James Foley e hizo público el video del asesinato el día 19 de agosto de 2014.

Yo no quise ver el video del degollamiento de James Foley. Sigo sin verlo. Me parece una escena aterradora aún en el cine. Así de limitado es mi interés en ver violencia.

Pero horas más tarde de la publicación del video, aunque hubiese deseado buscarlo en Twitter para verlo, ya no habría podido. Twitter (quizás por decisión propia, quizás -más probable- por petición del gobierno norteamericano) creó un sencillo algoritmo de reconocimiento de imagen que automáticamente bloqueaba las cuentas que intentaban reproducir el video. Fue un éxito total, y detuvo la terrible viralización de un acto salvaje.

Punto para la decencia.

Punto para la censura.

La normalización del uso de algoritmos para censurar textos, imágenes, o cualquier contenido en redes sociales disminuirá el costo de censura para los estados (disciplina en la que el estado chino parece llevar la delantera) pero ha clavado un puñal en la libertad. A pesar de que todos podríamos estar de acuerdo en que un video es desgarrador… ¿está bien que sea Twitter quien sirva de “editor” de lo que podemos o no ver? ¿Está bien que un algoritmo decida? ¿Está bien que la orden de hacer el algoritmo venga del estado? La decisión que a usted le parece acertada para censurar un degollamiento…¿le parecerá acertada para censurar un bombardeo en tiempos de guerra? ¿O el escándalo de corrupción de un presidente? Una vez que la censura es permitida, ¿quién decide el límite?

Claro, Twitter es una empresa privada, y tiene derecho a censurar la información que considere conveniente…pero, ¿permitirán los estados que surjan nuevas aplicaciones que nos den libertad a los usuarios de qué ver y qué no ver, si los gigantes que están a la vanguardia ya adoptaron la censura como una práctica?

Mi apuesta es a que surgirán nuevos sistemas de conexión social que ofrecerán la noticia sin censura. Para evitar conflictos legales, buscarán establecerse jurídicamente en estados que acepten la libertad total de información, y ofrecererán esa “ventaja competitiva” a quienes, como yo, creemos que no se deben difundir degollamientos, pero no queremos que tomen la decisión de no difundirlo por nosotros. Y lograrán conseguir esos clientes.

Pero no encontrarán ese estado.

En ese momento, la diatriba entre los que piensan en la libertad de información como un valor absoluto, y los que lo consideran relativo, ya  la habrán ganado estos últimos, incapaces de prever que luego de que un poder delegado es capaz de censurar un degollamiento, es capaz de censurar una protesta, y luego será capaz también de censurar su opinión.

Y, en ese momento, le habremos dado sepultura a la época de mayor libertad de la historia.

El punto de origen (con cariño, dedicado a mis amigos de #LaSalida)

In País on febrero 5, 2014 at 10:04 am
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El motor está entonado, la bujía… (imagen tomada de “verdadesyrumores.com”)

MASA CRÍTICA

Ya existen indicadores de que la masa crítica de apoyo popular para un cambio (o, más exactamente, la de rechazo popular al gobierno) fue alcanzada. En términos político/culinarios, el arroz del rechazo contra el gobierno, ya se coció.

Esto ha generado que factores políticos dentro de la oposición se estén movilizando para capitalizar la oportunidad. En realidad, una opción nada cuestionable.

Excepto que, si la agenda es que de verdad funcione para el beneficio de Venezuela, hay un detalle.

EL DETALLE

La clave que aún no parece estar develada en la oposición (al menos en la que juega a un cambio de gobierno en el corto plazo) es que -contrario a lo que puede parecer- el elemento central en un proceso de lucha entre fuerzas con poder similar, no es la masa crítica, sino el punto de origen.

EL PUNTO DE ORIGEN

El punto de origen es el factor que se considera como disparador de los acontecimientos.

No necesariamente lidera, pero sí inicia.

No necesariamente le da forma a la protesta, pero si le da legitimidad.

En términos automovilísticos, el punto de origen es la bujía, no el motor.

No necesariamente tiene la fuerza para sosterner lo que suceda, pero genera apoyo en el resto, sobre todo en la medida en que su protesta se perciba como: 1) con bajo nivel de amenaza para la “masa indecisa” (esa que termina decidiendo con su apoyo hacia dónde se inclina la balanza) y 2) alto nivel de “endorsement”, es decir, generan apoyo porque  (ante su protesta) la masa indecisa piensa a) “esta protesta no me va a hacer daño” y b) “esta protesta yo la apoyo”.

EL PROBLEMA (Y LA SOLUCIÓN)

No hay masa crítica que se convierta en fuerza de cambio  si no hay una narrativa que convenza a la “masa indecisa” de que lo que se está gestando es: 1) inevitable y 2) mejor que lo que ya existe.

La percepción que la masa indecisa tenga sobre ambos puntos estará condicionada por cuál será el punto de origen: si el punto de origen es una figura política con rechazo en alguno de los dos sectores, el cambio queda vulnerable ante la narrativa de “fue un movimiento creado para aplastar a la otra mitad”, mientras que si el punto de origen es una figura con bajo rechazo (o con nulo rechazo en ambos sectores) se amplía muchísimo la posibilidad de que la masa indecisa lo apoye, y las narrativas de los laboratorios de guerra (que existen en ambos lados) puedan vulnerar el arranque del cambio.

¿Cuál es esa figura, ese grupo, ese factor social sin rechazo que es: a) invulnerable al discurso de los laboratorios, y b) con suficiente fuerza para actuar como punto de origen?

Buena pregunta, ¿no?

No sé la respuesta.

Pero dicen por ahí que el grupo demográfico de las mujeres, de nivel socio económico medio y medio bajo, y que son madres, anda muy descontento con el estado de cosas.

Dicen que andan tan descontentas como Leopoldo o María Corina, pero con mucho menos rechazo.

Eso dicen.

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