@juancarreno

“Epa Capriles, tírate un credo”

In País on septiembre 26, 2012 at 10:47 am

No confíe en el título: ésta puede que sea la nota más seria que he escrito en mi vida. Siga leyendo:

El ser humano, porque habla y porque piensa, tiene un amor por la trascendencia que lo diferencia de otras especies. Somos más felices en la medida en que, no sólo comemos, vivimos y tenemos buen sexo, sino que -teniendo todo eso- siempre buscamos “algo más”: un significado, algo que nos mueva, algo que nos dé la sensación (real o ilusoria) de sentir que transcenderemos.

Pero algo pasó en el camino de la democratización de lo que llamamos “la civilización occidental”: las democracias europeas y americanas, en su afán de elevar los estándares de calidad de vida material, confundieron la frase “lo material es MUY importante” con la frase “lo material es LO ÚNICO importante” y de allí terminamos -colectivamente- creyendo en una triste afirmación:

“Gobernante que hable bonito, es porque es un hablador de paja”.

La afirmación no es una locura: el siglo XX, con sus fascistas y populistas, nos enseñó que los encantadores de serpientes suelen comenzar hablando para el pueblo, y suelen terminar hablando para sí mismos. Pero la falla lógica es evidente: que todos los populistas sean buenos oradores, no significa que todos los oradores sean siempre populistas, ¿Verdad?

La precaución hacia los políticos “pico de oro” es sana, pero el cinismo contra el discurso motivador y la oratoria liberadora, puede llegar a hacernos mucho daño: Venezuela será potencia el día en que dejemos de asumir, como contrapuestos, el amor por el trabajo y el amor por la palabra bonita. Nuestra historia (sobre todo la historia parlamentaria) está llena de personajes que han sido probos, trabajadores, y excelentes con la palabra. El actual presidente, con un carisma gigantesco y una capacidad de análisis y una oratoria muy por encima del promedio, desechó una oportunidad de oro para lograr convertirse en el hombre capaz de darnos palabra y darnos obra, y optó por usar todos esos atributos para terminar de quebrar un país que ya venía resquebrajado. Pero que él haya desechado esa oportunidad, no significa que debamos desechar la búsqueda.

Somos un país que gusta de la palabra bonita. Somos el país en el que un vendedor ilegal de cerveza en el malecón de choroní te canta una rima mientras cae la noche (¡saludos “comando borracho”!) somos el país en el que los noticieros no reportan la “falta de agua”, sino la falta “del vital líquido”. Somos poesía… a veces poesía muy buena, a veces poesía muy mala, pero así somos.

Y allí es donde entra usted, candidato: ha hecho la que es -sin duda- la campaña electoral más efectiva y completa en la historia de la democracia. Ha hablado lo justo, y lo ha hecho espectacularmente bien (tengo rato que no oigo al presidente decir “¡ése no sabe ni hablar!” ¿ustedes lo han vuelto a escuchar diciéndolo?) y ha creado un efecto cascada que no tengo duda en que tendrá maravillosos resultados el día de las elecciones. Eso no me preocupa para nada.

Lo que me preocupa (gane o pierda, porque no tengo duda de que en ambos escenarios quedará como líder principal de oposición) es que termine la campaña sin dar “el” discurso que nos narre como colectivo, me preocupa que una frase suelta y de campaña (por más buena que sea) opaque la creación del “discurso sobre lo que viene”, un párrafo, una pieza de oratoria que una a todos los venezolanos en una visión común.

Me preocupa que no se atreva a lanzarse un credo.

“Tengo el sueño de que un día mis 4 hijos vivirán en una nación que no los juzgará por el color de su piel, sino por el contenido de su carácter” dijo en tiempos de turbulencia social Martin Luther King.

“El poder, cuando lo logremos, será para el pueblo indio, y serán ellos quienes decidan quién los regirá” dijo Mahatma Ghandi en tiempos en que el sectarismo resquebrajaba la lucha.

“Le confieso a los parlamentarios, y a los que me acompañen en el gobierno, que no tengo más nada que ofrecerles que no sea sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas” prometió Churchill en tiempos de guerra.

Ya estamos en donde parecía difícil estar: en una competencia electoral en la que podemos ganar.

Llévenos a donde -por un momento- creímos imposible estar: por encima en la contienda, con una visión y una promesa que nos incluya a todos.

Sabemos que “hay un camino”. Muéstrelo, y nárrelo.

Yo sé que lo puede hacer, y que lo hará muy bien.

Un discurso de 5 minutos, que pase a la historia como la clave que le dio la victoria, que pase a la historia como el resumen de la Venezuela que queremos para el siglo XXI.

Si quiere una fecha y un sitio, creo que la Avenida Bolívar, este domingo 30, podría ser un buen lugar.

Atrévase, los venezolanos necesitamos una nueva épica. De sólo comida y “vital líquido”, no podemos vivir. Reúna a su equipo, reúna las cientos de propuestas que ha recibido caminando por el país, y muéstrenos una visión.

Si se atreve, hará historia.

Éxito.

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