@juancarreno

Los Desalmados

In País on septiembre 4, 2014 at 7:32 pm

Pan para hoy… (imagen tomada de http://www.replica-food.co.uk)

 

1. El ejercicio

 

Le invito a hacer un ejercicio de imaginación:

Imagínese saliendo de una estación del metro, y hallando en su camino a una mujer en situación de pobreza extrema, sentada en el suelo, acompañada de pedazo de un pan viejo y un niño de 11 meses llorando de hambre en su regazo.

Usted decide que la va a ayudar, que quiere usted llegar a su casa y decir: “hoy ayudé a esa pobre señora y a su hijo de meses”. ¿Qué preferiría hacer para lograr ese objetivo?

a) Comprar un par de platos de comida y ofrecérselos a la señora, o

b) Acercarse a la señora y decirle: “tu vales mucho para mi” y luego seguir caminando.

Piense su respuesta. Cualquier respuesta vale.

(Sí, también valen esas respuestas necias del tipo “pero no me parece ninguna”, “yo le daría dinero”, etc)

¿Ya?

Bien, aquí están los tipos de respuesta más comunes:

La respuesta de la gente:  “¡Obvio que le daría comida! ¿qué va a lograr ella con que yo le hable bonito?”

La respuesta de los más considerados: “¿Pero por qué tengo que escoger? ¡Yo le daría la comida y además le diría algo!”

La respuesta de los nueva era:   “Yo habría preferido darle el mensaje positivo. La gente no es sólo comida ¿sabes?” (Ésta respuesta sólo es posible si es usted partidario de ese terrible mundo de las “buenas vibras”, las “energías” y demás pseudo-psicologías que tanto daño hacen, y que son tema para otra entrada).

Fin del ejercicio. (Gracias).

No se trata de valorar moralmente ninguna de esas respuestas. Sólo quiero probar el siguiente punto: La opción que nunca, nunca, NUNCA he oído de nadie (y espero que usted no haya sido el primero) es la siguiente:

La respuesta de los desalmados:  “Yo le habría quitado la mitad del pan viejo ese que tenía en la mano, y ya”.

¿Usted dijo eso?

¿A usted le parece bien esa opción?

¿No?

Qué bueno.

Usted -como yo- también odia la inflación.

2. Acción y comunicación

 

Son decenas las políticas económicas que un gobierno puede ejecutar para brindar bienestar a sus gobernados. Pero en los estados modernos (sobre todo en las democracias) con la inmensa presencia de redes sociales, con pueblos mucho más educados y alfabetizados que hace unos siglos (y por ende más conscientes del poder de su voto) se ha venido haciendo obvio que el éxito de la política económica de un gobierno es entender que dicha política no es sólo acción, sino que es también comunicación. El modelo (que es una simplificación de la realidad, como todos los modelos) permite explicar cómo es que políticos que tomaron decisiones muy duras -pero las comunicaron bien- los recordamos como exitosos, mientras que los políticos con muy buenas ideas -mal comunicadas- hoy son vistos como  desgracias en la historia de sus países.

Si quisiéramos ver el modelo en un cuadro de doble entrada, tendríamos a los políticos divididos -por un lado- en aquellos que tienen especial habilidad en saber comunicarse con los más débiles de la nación y los que no tienen esa capacidad, y -por otro lado- los que tienen la agenda de reducir la inflación que le corta el ingreso al más débil (evitando quitarle  el pan a quien más hambre tiene). Esto nos daría entonces, 4 tipos de gobierno:

cuadro

a) El gobierno tecnocrático: altamente capaz a nivel económico, pero sin capacidad de comunicar los beneficios de una política monetaria antiinflacionaria, ni explicar convincentemente la necesidad de los sacrificios.

b) El gobierno fugaz: ni es capaz de comunicar, ni es capaz de detener la inflación. Tampoco es capaz de durar mucho.

c) El gobierno humanitario: comunica eficientemente los beneficios de una baja inflación, coloca a toda la sociedad a tono, la educa sobre economía. Todos se sienten responsables y -por ende- el pan de los más pobres nunca es dividido.

d) y una cuarta opción:

3. Nuestro gobierno

Éste. El que nos tocó.

El de la rabia y la reivindicación de lo irrescatable.

El que convenció (y sigue convenciendo) a 30% de la población (que es su voto duro) de que un aumento de salario de 20% en un período de inflación de 40%, es en realidad un aumento, cuando en realidad es un recorte.

El que imprime los billetes, los pone en la calle, limita la producción expropiando e insultado fabricantes, limita el libre comercio con papeleos kafkianos…y dice que la inflación es producto de una guerra.

El que crea el caos, y luego viene -como héroe- a reinar sobre el caos.

El que -en una frase- agarró el pan de la mujer pobre, le quitó la mitad, le acarició su cara, y le dijo: “tenemos patria”.

Éste. El que es peor que los desalmados.

 

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